´Aprender a encontrarme´
Me pierdo entre pasillos largos y llenos de ecos,
mi corazón late con fuerza de tambor,
mi mochila pesa más que yo misma,
mientras rostros desconocidos me miran con temor.
Intento no tropezar con mis inseguros pies,
el timbre resuena y el mundo se acelera,
un saludo tímido se ahoga en la multitud,
¿notará alguien mi presencia? ¿Habrá quien me espera?
Las paredes custodian risas pasadas,
sillas y pupitres me parecen gigantes,
cada aula, un universo distinto,
hasta llegar a la mía, entre tantos instantes.
En la primera clase el corazón golpea,
una sonrisa de mi compañera detiene el frío,
escucho un chiste compartido,
de repente, este sitio ya no es un vacío.
Alguien me pasa un lápiz sin decir nada,
siento que un mundo amable existe,
y entre relojes que corren,
mi cuaderno vacío espera que lo liste.
Intento recordar cada nombre,
cada sonrisa se me queda pegada,
en el patio, la brisa roza mi cara,
y aunque estoy sola, no me siento olvidada.
El aroma del pan caliente de la cantina me ilumina,
me recuerda que aquí también habrá momentos dulces,
el timbre marca el final del descanso,
una chica tropieza y se ríe, ¡qué luces!
Y yo no puedo evitar sonreír también,
pequeños gestos hacen que el pánico huya
como si este lugar tratase de darme la bienvenida,
mientras mi alma se siente menos turbia.
Los pasillos que antes parecían laberintos,
ahora se llenan de posibilidades,
suena la campana final,
la mezcla de miedo y emoción me acompaña,
no puedo evitar pensar en más realidades.
Hoy apenas comienza mi historia,
¿cuánto me quedará por descubrir?
Cada puerta cerrada promete aventuras,
y cada paso que dejo atrás, risas y lágrimas futuras.
Aquí, entre estos muros, refugio de voces,
aprendo a encontrar mi pequeño hogar,
y aunque el mañana sea un misterio,
sé que cada recuerdo será un tesoro por guardar.
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